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Contribución del Maestro que deja huella al creciente desarrollo de buenas prácticas

09 marzo 2020

Contribución del Maestro que deja huella al creciente desarrollo de buenas prácticas

Por Hugo Díaz

La creatividad, ingenio e imaginación de los peruanos es una de sus principales virtudes. Las limitaciones que muchas veces presentan las condiciones de trabajo en nuestro sistema educativo no son obstáculo para encontrar un porcentaje significativo de docentes con una enorme capacidad de creatividad para identificar y contextualizar creativamente contenidos, procedimientos, metodologías, formas de relacionamiento con sus estudiantes en el aula, con los padres de familia y con la comunidad. Todo ello en favor de su preocupación más importante: el proceso educativo que desarrollan sea efectivo y que se cumplan las metas de aprendizaje que se han programado.

Los catorce años de experiencia que tiene la convocatoria del “Maestro que deja huella” demuestran el alto interés de los maestros por mostrar y difundir las buenas prácticas que realizan, aunque también que muchas veces ese entusiasmo y potencial tiene dificultades de expresarse por alguna razón. Quizá la principal es la dificultad que a veces tiene un docente para identificar, planificar, diseñar, implementar y evaluar una buena práctica de trabajo o ir más allá: a una innovación. A veces saben como hacerlo, pero surge la limitación de saber comunicarla y compartirla con otros colegas e instituciones. 

Las convocatorias del “Maestro que deja huella” han sido muy sensibles a esa situación. Por ello se han esmerado en concebir formatos sencillos de postulación al concurso que no descuiden reflejar la calidad y lo valioso de las iniciativas que se presenten. Nuestra ambición es contar con un mayor número de docentes que se animen a concursar, demostrando que es posible, con la mejora de sus prácticas pedagógicas mejorar los resultados de aprendizaje que logran sus estudiantes. Hay innumerables formas de hacerlo. Por ejemplo, mejorar la programación de sus sesiones de aprendizaje, combinar el empleo de material convencional y digital, introducir técnicas de trabajo atractivas para el estudiante, como las de proyectos o estudios de caso, aprovechar el potencial de aprendizaje que puede tener un trabajo articulado con los padres de familia, etc. 

Los acelerados cambios del conocimiento y las tecnologías abren todo un abanico de desarrollo de innovaciones en el trabajo en las escuelas y en las aulas. Por un lado, están las que promueven la interactividad, el trabajo en grupo, la investigación, el desarrollo de la curiosidad y una participación más activa del estudiante en su propia formación. En segundo lugar, están las asociadas a cómo lograr el desarrollo de las competencias que nuestros estudiantes requieren para actuar en una sociedad en permanente cambio y que demanda ingresar desde muy temprana edad en el desarrollo de actitudes de aprendizaje permanente a lo largo de la vida. 

En tercer lugar, los estudiantes viven un mundo distinto al de hace muy pocas décadas. Un entorno cargado de tecnología a la cual tienen cada vez mayor acceso. La internet, las redes sociales, los juegos educativos digitales y otros recursos los atraen y en cierta medida se convierten en un argumento para que cuestionen los métodos frontales de formación basados en el uso casi exclusivo de pizarra y tiza, así como en el rol protagónico del profesor y uno pasivo del estudiante. Para las nuevas generaciones con acceso a las nuevas tecnologías, las clases convencionales son un factor de aburrimiento en clase. Es por ello el ejercicio de la docencia en el siglo XXI requiere profesores obligadamente competentes en el manejo, por lo menos de nivel intermedio, de las herramientas digitales para poder despertar el interés de sus estudiantes por aprender.

En trece años previos de convocatoria, “Maestro que deja Huella” se ha convertido en una valiosa herramienta de identificación de cientos de valiosas iniciativas de desarrollo de buenas prácticas en las diversas áreas del aprendizaje. Unas favoreciendo las competencias de comunicación, matemáticas, científicas y de desarrollo de la ciudadanía; otras demostrando que es posible atender con calidad a niños que viven en contextos bilingües o con alguna discapacidad; un tercer grupo incluye experiencias de desarrollo de la cultura ambiental, digital, de formulación de proyectos de vida, entre otros.

Sin duda el impacto que ha tenido hasta el presente el “Maestro que deja huella” ha sido muy significativo. Muchos de sus ganadores son ampliamente conocidos en el país y fuera de él; sobre todo han despertado el interés de otros docentes de ingresar por esa senda. Animamos y felicitamos a los docentes que el 2020 quieran participar del “Maestro que deja huella”. Quienes participamos en su organización y todos los maestros que quieran sumarse con sus iniciativas estamos colocando un nuevo granito de arena en el objetivo de lograr que un mayor número de estudiantes de las escuelas públicas tengan el derecho a una buena educación. El maestro es la clave para ello. 

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