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Coronavirus y manejo del año escolar 2020

31 marzo 2020

Coronavirus y manejo del año escolar 2020

Por Hugo Díaz

El confinamiento social empezó un día antes de iniciarse el año escolar en las escuelas públicas. Las escuelas privadas, en su mayoría, había empezado clases una o dos semanas antes. Durante las semanas que los estudiantes no podrán ir a escuelas, institutos o universidades, se organizan clases a distancia usando las tecnologías que estén más cercanas a los estudiantes. Tratándose de la educación básica el Ministerio de Educación pondrá en ejecución el programa “#YoAprendoEnCasa”, para lo cual se ha coordinado con Radio Nacional y RTV Perú la difusión de contenidos de aprendizaje.

También se utilizarán plataformas digitales. Cada herramienta de comunicación tiene fortalezas que aprovechar y limitaciones a tener en cuenta. Además, siendo evidente ese encomiable esfuerzo, habrá que encontrar rápidas soluciones al hecho que en muchos hogares no existen las condiciones adecuadas para aprovechar el programa, ni las escuelas y personal docente están suficientemente preparados para administrarlo.

En relación a las tecnologías digitales, la ventaja es su atractivo como herramienta de aprendizaje para los estudiantes. La desventaja es que no todos los que asisten a una escuela pública viven en hogares donde existe una PC, laptop o tableta, además que al 2017, no tenía conexión a Internet el 72% de los hogares. Lo más difundido y que puede aprovecharse es el celular. Una alternativa es que el Estado agilice el aporte de varias inversiones que ha realizado en tecnologías. Una de ellas es la Red Dorsal, a cargo del Ministerio de Transportes y Comunicaciones. Comenzó a diseñarse desde el 2008 pero no tiene cuando terminar de implementarse. Según Edwin Santos, ex viceministro de comunicaciones, existen 21 proyectos de redesregionales que debieron estar listos para el 2019 conectando a 7,100 colegios. De ellos, informa Pronatel (ex Fitel), que por ahora habría cinco en capacidad enlazar a 2,065 escuelas públicas de Ayacucho, Apurímac, Huancavelica, Lambayeque y Cusco. Hay 433,490 tabletas, en parte ya distribuidas, a las que se podría empezar a sacar provecho si se complementa con la facilidad de acceso al internet, lo que también se venía trabajando.

En tanto, el Ministerio de Educación ha venido sosteniendo reuniones para lograr la colaboración de actores privados que trabajan en el desarrollo de las tecnologías digitales en educación. Se desconoce el éxito que hayan tenido estas coordinaciones, pero si las autoridades del Ministerio quieren sumar esfuerzos, la sugerencia es asegurar una cierta flexibilidad de colaboración. Hay que considerar que la situación generada por la pandemia fue sorpresiva y nadie estaba preparado para trabajar en un contexto de confinamiento obligatorio. Los materiales para uso de las tecnologías digitales disponibles en su gran mayoría han sido diseñados para un trabajo en donde el profesor y el estudiante están juntos en el salón de clase, no así para que cada alumno trabaje en su hogar. Son materiales que no se improvisan y que toman tiempo para ser bien producidos. Lo que hay que evitar es publicar contenidos sin explicación alguna, tareas sin seguimiento ni retroalimentación, así como evaluación de aprendizajes dudosos.

Habría que promover la realización de actividades lúdicas que desarrollen habilidades. En ese objetivo, el Ministerio de Educación debería alentar la buena disposición de iniciativas como las de Fundación Telefónica, Khan Academy, Microsoft, Google, Cisco, Fundación Slim, editoriales que producen textos escolares, entre otras, que han logrado importantes avances en plataformas y/o producción de material de aprendizaje interactivo y lúdico muy valioso para estas circunstancias. Como cada iniciativa tiene su propia lógica y la dotación de equipos es muy dispar, otra vez resultan claves los criterios de flexibilidad en la aplicación de las mismas y de mayor autonomía a las escuelas.

De otro lado, si bien hay la intención de que la población reinicie paulatinamente sus actividades a partir de la segunda quincena de abril, en el caso de las escuelas y universidades ello podría y debería tardar más; inclusive dependiendo de la evolución de la pandemia, el confinamiento podría llegar a ser periódico; es decir, unas semanas se podría asistir a la escuela y otras, si los infectados aumentan, estudiar en el hogar. El director general de la Organización Mundial de la Salud, Tedros Adhanom Ghebreyesus ha dicho: «Lo último que necesita un país es reabrir las escuelas y los negocios, solo para cerrarlos de nuevo porque el virus resurge». Es verdad, la concentración de estudiantes en un local escolar puede ser causa de un rebrote de contagios.

Además, debe considerarse que los locales escolares y universidades han estado cerrados varias semanas y necesitan limpiarse e implementarse con los utensilios de aseo esenciales; su personal directivo y docente necesita disponer de orientaciones para saber cómo actuar ante distintas situaciones que se les puedan presentar. En la eventualidad que las clases se regularicen semanas después, debe tenerse en cuenta que será una época de cambio de clima, posiblemente con una mayor incidencia de resfríos y problemas bronquiales entre estudiantes y profesores. ¿Cómo reaccionar frente a esos casos?, ¿cómo organizar una clase guardando los estudiantes cierta distancia? ¿al ir a la escuela deben usar necesariamente mascarillas y guantes? Si es así, ¿habrá la cantidad suficiente?, ¿a qué costo?, ¿quién las proveerá?

Igualmente, la interrupción de clases presenciales implica que muchos de los alcances de la Resolución Viceministerial 220-2019-Minedu, sobre orientaciones para el año escolar 2020, tengan más flexibilidad y los docentes más libertad para establecer la mejor manera de trabajar con sus estudiantes. Serán los contextos específicos de actuación los que definan las horas de duración del calendario escolar, los objetivos y metas de la programación curricular, las estrategias de evaluación del estudiante.

Tendrían que eliminarse este año los simulacros, los concursos, los desfiles, los torneos deportivos; simplificar los agobiantes informes, trámites y comisiones para que el director y los docentes dediquen todos sus esfuerzos a sacar el mejor provecho a las horas de clase disponibles. El Ministerio debe igualmente decidir si realizará o no de la evaluación censal de estudiantes y las evaluaciones docentes previstas para este año.

Las prioridades de trabajo que surjan como consecuencia del enfrentamiento del COVID 19 son otras y es la oportunidad para avanzar en un mayor nivel razonado de descentralización en favor de las instituciones educativas.

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