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Novedades de la Encuesta Nacional de Docentes 2020

01 junio 2021

Novedades de la Encuesta Nacional de Docentes 2020

Por Hugo Díaz.

Hace pocos días el Ministerio de Educación puso a disposición de los interesados los resultados de la Encuesta Nacional de Docentes (ENDO) del año 2020. Se aplica cada dos años y, por haber sido un año muy especial, se recogen datos muy interesantes sobre diversos temas, entre ellos, opiniones de los docentes de la educación básica regular que trabajan para el Estado sobre la manera en que enfrentan la emergencia sanitaria.

Profesión con más mujeres y exceso de contratados. La ENDO 2020 ratifica algunos indicadores de las ENDO previas. Así, por ejemplo, reitera que la profesión docente en las escuelas estatales sigue teniendo más mujeres que varones (63% vs 37%) y que los contratados son todavía el 43% del total de docentes, cifra todavía excesiva, sobre todo en el área rural, donde el 53% de los docentes son contratados. Ello da idea de su alta rotación y de las implicancias en el funcionamiento de las instituciones educativas. Incide en la continuidad de las acciones incluidas en el proyecto educativo institucional, en el clima institucional, en los esfuerzos de capacitación, hasta en la propia formación de los niños en sus primeros años de escolaridad.

Menos docentes con doble ocupación. Donde se encuentra un descenso de casi 9%, comparado con los resultados de la ENDO 2018, es en la cantidad de docentes con una ocupación adicional, muy posiblemente explicado por la decisión de cerrar escuelas durante todo el año y la disminución de la matrícula de la educación privada el 2020. Según las estadísticas de la web Escale, entre los años 2019 y 2020 los docentes de la educación básica regular del sector estatal se incrementaron en 11,528, cambio en el sector no estatal muchos se quedaron sin trabajo al haber disminuido el universo de docentes en 16,172. La matrícula privada había decrecido en 172 mil estudiantes, mientras la estatal aumentó en 323 mil.

Concentración de docentes en tres primeras escalas de la carrera pública magisterial. El 36% de los docentes pertenece a la I escala de la Carrara Pública Magisterial y en las tres primeras escalas está el 85%, bajo porcentaje si se considera que la carrera docente empezó a implementarse desde el 2008 y tiene ahora ocho escalas. Contrasta igualmente este dato con la edad promedio del docente que es de 46 años. Y es que hay una cantidad importante que año tras año intentan, sin conseguirlo, un nombramiento. Cuando lo logran han pasado varios años sirviendo a la educación.

Autovaloración. Sobre la percepción que tienen los docentes en cuanto a su rol, el 65% opina que cumplen una función importante en el desarrollo del país y 9%, que son un buen ejemplo para la comunidad. Hay, no obstante, 11% que expresa que están desactualizados o poco preparados, además de un 7% que responde: cualquiera puede enseñar. Si algo ha demostrado la pandemia es el valor de la profesión docente, sobre todo en la percepción de los padres de familia.

El 42% de los docentes aspira en los siguientes cinco años seguir en como docente de aula y 28% tentar algún cargo directivo. Hay un 16% que le gustaría trabajar en el Ministerio de Educación, Dirección Regional de Educación o en una Ugel. Los que desearían jubilarse anticipadamente o ejercer otra profesión suman el 7%.

Rutinas diarias y semanales. Preguntados los docentes acerca de su rutina diaria, expresan que entre lunes a viernes ella es de 13.2 horas diarias y los sábados y domingo de 12.8 horas. De esos totales de rutinas, nueve horas se relacionan con trabajo en docencia los cinco primeros días de la semana y cinco horas y media los fines de semana. El mayor tiempo está dedicado a preparar clases y labores administrativas y a retroalimentar, evaluar y atender a los padres de familia. También, aunque un tiempo menor, se destina a coordinar con otros colegas tareas colegiadas. La educación a distancia a incrementado la carga de trabajo de los docentes al tener que atender a sus estudiantes en diversas horas de día y no en un horario regular como es en la educación presencial. La razón por la que se produce ese incremento de las horas de trabajo docente es porque no todos los estudiantes pueden comunicarse al mismo tiempo.

Tareas más difíciles de cumplir en la educación a distancia. A los docentes se les preguntó acerca de las actividades que les resultaban más difíciles realizar. Las respuestas son una primera referencia que tuvo el impacto de la pandemia en las prácticas docentes. Más de un 50% declara que las tareas donde enfrenta mayor dificultad son la atención de problemas socioemocionales, retroalimentación y motivación de los estudiantes, en gran parte debido a las limitaciones de comunicación. Con 46% aparecen los problemas de coordinación y atención de las demandas de los padres de familia respecto del aprendizaje de sus hijos y luego, con 35% las dificultades de virtualización de la enseñanza complementando los contenidos de Aprendo en Casa, y la planificación individual y colectiva del grupo de estudiantes. Luego, con porcentajes de dificultad entre 23% y 30% están sistematizar sus prácticas docentes, planificar en base a competencias, participar en la gestión institucional, reflexionar sobre los resultados de la práctica docente y participar en capacitaciones continuas.

Estas dificultades de práctica docente deben convertirse en un referente importante para las estrategias de capacitación y acompañamiento.

Valor de los reconocimientos por innovación y buenas prácticas. Una referencia importante de las opiniones de los docentes se relaciona con el valor dado a diferentes tipos de reconocimiento. Es interesante observar que las dos terceras partes de los docentes prefieren que el reconocimiento que se le otorgue sea en becas, antes que un bono en dinero o una resolución de felicitación. La preocupación por estar actualizado está muy posiblemente relacionada con su progreso en la carrera magisterial y con las propias exigencias del cambio que van surgiendo en la profesión docente.

Una referencia clave y preocupante para estimular la innovación y buenas prácticas, en tiempos como los actuales, es la capacidad de innovar de los docentes. Seis de cada diez reconocen que nunca ha participado en un proyecto de innovación o buena práctica pedagógica lo cual podría ser un indicador de normas que reflejan la poca confianza que deposita la administración en el docente, el que no puede salir de los márgenes que se le imponen a riesgo de ser sancionado.

En más de 40%, los que si lo hicieron estuvieron motivados por ampliar sus capacidades de aplicación del enfoque de competencias, en tanto que un 36% lo hacen para tener apoyo del director o de la comunidad de padres y otros colegas. A uno de cada cinco docentes les motiva el participar en concursos u obtener algún reconocimiento. Un mayor desarrollo de la innovación y las buenas prácticas en el quehacer del docente requiere que tengan más capacidad de decisión en el enfrentamiento de los problemas específicos que se les presentan en el trabajo con sus estudiantes.

 

Docentes y enfrentamiento de la pandemia

En la sección anterior se destacaban algunos rasgos del proceso educativo el 2020, indicando que habían aumentado notoriamente los problemas socioemocionales; que eran notorias las dificultades de comunicación del docente con sus estudiantes y sus padres para el desarrollo y retroalimentación de las clases. Además, un impacto mayor de la pandemia ha sido la caída de la matrícula privada en 172 mil estudiantes, lo que ha derivado en fuertes presiones a la matrícula pública que, de haber tenido una tendencia negativa en la mayor parte de este siglo, pasó a crecer en 323 mil estudiantes entre el 2019 y 2020. Mientras se emplee la educación no presencial el impacto de esta migración de estudiantes se sentirá poco; el problema vendrá cuando se ingrese a la educación semipresencial y presencial.

Impactos en la salud de estudiantes y docentes. La pandemia ha contribuido a que el estrés haya afectado a seis de cada diez docentes. Son parte generadora de ese estrés la tensión que provoca desarrollar prácticas docentes en una modalidad remita para la que no fue capacitado, la inexistencia o mala conectividad en muchos lugares del país, así como la necesidad de ponerse al día en el uso pedagógico de las tecnologías.

Cuatro de cada diez docentes manifiestan haber sido diagnosticados con COVID-19. Es un porcentaje alto y que aumenta los temores de retorno a la enseñanza presencial. Se suma que casi 30% de los encuestados declara tener una enfermedad preexistente que lo condiciona para el COVID-19. Grave es que 12% dice que si se contagiara no tendría los recursos para la curación. Ciertamente que los maestros tienen el seguro médico de ESSALUD a disposición, pero son conscientes que hay muchos períodos en los que la capacidad de los hospitales para atender a los infectados no ha alcanzado para cubrir la demanda. Es otro temor que no les gustaría experimentar.

Impactos en la economía personal Desde el punto de vista laboral, un tercio de los docentes declara haber perdido su trabajo adicional, lo que fue causa de una reducción de ingresos personales o del hogar. Inclusive, uno de cada cinco ha estado en la lista de los que recibieron algún bono de parte del Estado. Otra consecuencia de la pérdida de su empleo fue que una proporción similar de docentes tuvo que dejar de estudiar o seguirse calificando por cuenta propia por falta de recursos. Una tercera consecuencia se dio en la imposibilidad de seguir pagando el monto del alquiler de la casa en donde habita: uno de cada ocho docentes tuvo que mudarse de la vivienda que ocupaba. Sus ingresos además de disminuidos tuvieron que invertirse en algunos casos en la salud propia o de algún familiar.

Retorno a las clases presenciales. El retorno a las aulas es uno de los temas más polémicos en el actual debate educativo. Las opiniones están polarizadas. Los que defienden el regreso a las escuelas argumentan que es una necesidad para el desarrollo de los niños y que la escuela es irremplazable como factor de aprendizajes. Los esfuerzos de desarrollo de la educación a distancia, si bien meritorios, no fueron suficientes para asegurar que los estudiantes adquirieran lo que necesitaban durante el año escolar. Un informe de la Contraloría General de la República a febrero del 2021 en base a datos del Ministerio de Educación, revela que el porcentaje de estudiantes aprobados llegó al 42%, que los que tuvieron promoción guiada sumaban el 32%, los pendientes de aprobación 25% y los retirados el 1%. Cifras muy bajas, que adicionalmente no expresan algunas características en las que se dio el proceso educativo: menos horas de clase y precariedad de condiciones en muchos hogares para estudiar.

Desean seguir con clases a distancia. Los docentes que están a favor de continuar con las clases a distancia tienen como principal argumento los altos niveles de contagio que todavía se dan en buena parte del país. El temor, especialmente del profesorado, es uno de los principales factores de esa resistencia al retorno que solo disminuirá en la medida en que la vacunación de un porcentaje significativo de la población se acelere, así como se invierta en condiciones que aseguren el cumplimiento de estándares básicos de funcionamiento, tanto educativo como sanitario.

Mantener las clases a distancia plantea el desafío de mejorar su eficacia. El Ministerio de Educación ha hecho esfuerzos para que el año escolar 2021 sea mejor que el anterior, pero debemos advertir que la educación a distancia, para lograr ser altamente efectiva requiere de inversiones iniciales grandes, que no se han realizado en suficiencia, sobre todo en la producción de materiales y capacitación adecuadas a esta estrategia en el caso de los estudiantes que estudian a través de la web, así como de mejora significativa de las emisiones de programas educativos por radio y televisión.

Opiniones divididas en cuanto al retorno a las aulas. En la ENDO 2020, cinco de cada diez docentes del área rural y tres de cada diez del área urbana respondieron que el servicio educativo el 2021 debería ser presencial. El 35% de los que trabajan en el área rural y 38% en la urbana opinaron que habría que instaurar la semipresencialidad. Sólo uno de cada 10 docentes del área rural y poco más de uno de cada cinco del área urbana estaba de acuerdo en que la enseñanza debería continuar a distancia.

Otro indicador asociado a esta respuesta es que 86% de los maestros expresó que estaría dispuesto a retornar a las aulas. Es una opinión que no va en total sintonía con lo que declaran dirigentes del sindicato magisterial quienes son más proclives a seguir en la educación a distancia mientras no se den las seguridades sanitarias indispensables. Hay que anotar que estas opiniones se recogieron entre el 24 de noviembre y 1 de diciembre, cuando no se preveía la presencia de una segunda ola de desarrollo de la pandemia que vino con índices de contagio más graves.

Razones para el no retorno a la educación presencial. Son varios los argumentos dan los docentes para no retornar aún a las aulas. Un 40% dice que en el hogar en que viven tienen familiares que están en situación de riesgo de contagio; un 35% señala que sus escuelas no tienen las condiciones para el regreso, además de que un 22% señala que la que escuela no reúne los protocolos de higiene y seguridad sanitaria y que en 15% de los casos no hay centros de salud cercanos que ayuden en esta tarea.

En conclusión:

El retorno a las aulas seguirá siendo un tema polémico por varias razones: la pandemia no está controlada, los servicios de salud muestran escasa capacidad de respuesta, la mayoría de escuelas no está suficientemente preparada para el retorno y el temor sigue siendo una variable a tener en cuenta. No obstante, la urgencia del retorno a las aulas es innegable por las consecuencias muy desfavorables que se tiene en cuanto a aprendizajes y estados socioemocionales de la población escolar. La gradualidad es una opción, pero con planes bien diseñados.

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