Un profesor que agradece a sus alumnos, por León Trahtemberg
02 d Mayo, 2016

Desde hace unos años me viene preocupando el tema de la evaluación escolar de los alumnos, y la utilidad que ella pudiera tener para medir sus logros presentes y predecir los futuros, en el entendido de que tener buenas notas predice que el alumno tendrá buen desempeño luego en los siguientes cursos o en la educación superior.

Me preocupa el carácter descalificador de esas notas, porque el alumno que saca malas notas parecería reflejar que no está aprendiendo lo que se espera de él, y el que obtiene buenas notas parecería que está respondiendo a lo que se espera de él. Pero, la pregunta es, ¿lo que espera quién?

Hoy en día hay tantos aportes desde las teorías de las inteligencias múltiples de Gardner, del andamiaje de Bruner, de la zona de desarrollo próximo de Vygotsky, de la inteligencia emocional de Goleman, que nos enseñan que todo alumno aprende de otra manera y hay que encontrar las estrategias específicas adecuadas para cada uno. Hoy en día hay tantas evidencias de que tener buenas notas no equivale a desarrollar el talento de cada uno, o sus capacidades éticas y sociales, y a la inversa, que no haber tenido buenas notas no condena a no poder tener un exitoso desempeño en el futuro, una vez que el alumno encuentra su elemento o pasión -como diría Ken Robinson-, que necesariamente tenemos que preguntarnos si estas evaluaciones tienen algún valor predictor.

Agreguemos a eso el enorme valor confrontacional que trae consigo evaluar todos los alumnos con las mismas herramientas y puntajes, para luego rankearlos y establecer que unos son los mejores, los ganadores, y otros son los peores, los perdedores, con la carga de vanidad en unos y menosprecio en otros que se acumula en el tiempo en función de las notas. No poco del bullying está motivado por la manera como las notas diferencian a los alumnos y generan tensiones entre ellos, como en los estadios cuando los fanáticos del que gana maltratan a los que pierden, los cuales solo esperan el momento de la venganza para replicar las burlas de las que fueron objeto.

Tomando en cuenta todo esto, evoqué una lectura que me gustaría insertar en esta columna. Se trata de un extracto del libro de Richard Gerver “Crear hoy la escuela de mañana” (pag. 24 Ediciones SM) en la que relata que asistió a una clase de un viejo profesor en un aula en China y se quedó  asombrado de ver que al empezar la clase le decía a sus alumnos “queridos alumnos, gracias por asistir hoy a mi clase” y luego, al terminar su clase, se despedía agradeciendo de modo individual  dando la mano a cada uno de sus alumnos, por haberle prestado atención.

A Gerver le llamó mucho la atención ver a un profesor que agradecía a sus alumnos por darle la oportunidad de enseñarles de modo que se le acercó a pedirle una explicación por su proceder, ante lo cual el viejo profesor explicó lo siguiente: “Cada día me coloco ante estos jóvenes que me miran con cara de expectación y esperanza que irradia con fuerza en el ambiente viciado de la clase. Al mirarlos pienso en mi interior que en algún pupitre en esta aula  podría estar sentada la persona que encuentre la cura para el cáncer, o la solución para la paz mundial, o la creación de la próxima gran sinfonía que conmueva a la humanidad.

Podría ser el futuro médico, enfermero, maestro, medallista olímpico. No lo sé, pero lo que sé es que están ahí y mi trabajo es identificar y nutrir ese talento, no solo para su propio beneficio sino por el posible beneficio de otros. ¿Existe una  responsabilidad mayor o mejor que esa? Me considero afortunado, por eso es por lo que les doy las gracias…”

Regresando a nuestro tema de inicio, ¿cuántos niños y niñas que podrían convertirse en personas de bien, capaces de hacer enormes contribuciones a sus familias y a la humanidad toda son despreciados, porque en su época escolar no sacaban las notas que encajaran con el estándar arbitrario de la excelencia escolar?. Cuál es nuestro rol como maestros: ¿entrenar a los alumnos para que den exámenes y poder ponerles algunas notas, o detectar sus fortalezas -distintas en cada uno- y alentarlos a que las cultiven para llevarlas a su máxima expresión?

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